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viernes, 25 de noviembre de 2011

25 de noviembre. Día de las librerías.

Hoy, 25 de noviembre, se celebra por vez primera en España el Día de las Librerías. 

Según cuentan desde Cegal:

El día 25 de noviembre es nuestro día, el día de las librerías.
También es el día de todos los lectores, de los que nos visitan asiduamente y de aquellos que lo hacen de forma esporádica. Ese día las puertas de las librerías españolas estarán más abiertas que nunca para todos, no cerraremos hasta las diez de la noche.
Las librerías trabajamos para difundir el libro y fomentar la lectura y para conseguirlo ofrecemos un marco ideal, el marco cultural que necesita el libro. Las librerías independientes españolas somos un espacio que propicia el encuentro entre lectores y libros en un entorno lleno de alicientes culturales y donde prima la atención personalizada de libreras y libreros comprometidos con su oficio. Comprar un libro en una librería independiente tiene valor añadido y los lectores lo saben.
El viernes 25 de noviembre queremos que sea un día especial para todas las personas que entren en una librería. Todos los lectores que nos visiten disfrutaran de una gran variedad de actividades culturales, obsequios y descuentos especiales.
A los libreros y libreras nos gusta leer y nos encanta aconsejar libros a nuestros clientes. El viernes 25 acércate a las librerías, tenemos tu libro.
La idea me  gusta, me parece acertada, aunque también tengo la sensación de que no son demasiadas las librerías que se suman a la iniciativa.

Es cierto que hay muchas librerías, unas más grandes, otras más pequeñas, unas especializadas en temas muy concretos, otras que venden por Internet..., pero a la vez uno tiene la sensación que cada vez hay menos librerías de verdad.
No es lo mismo una librería que un comercio en el que se venden libros, no es lo mismo un librero que un comercio en el que te atiende una persona que simplemente vende un objeto que se llama libro.

A mi me gustan esas librerías, las de verdad que decía antes. Librerías en las que a los libreros les guste leer, les guste aconsejar a sus clientes. Librerías que me ofrezcan algo mejor que lo que yo puedo encontrar en el Carrefour, en la Fnac o en El Corte Inglés. No solo pido un trato algo más personalizado, pido que quien me vende me ofrezca su experiencia, su conocimiento, su saber. En otro caso terminaré comprando en Amazon porque es más rápido, es más barato y me venden lo mismo.

A mi me gustaría que en la librería pudiera encontrarme de vez en cuando con un escritor, que la librería fuera punto de encuentro de un club de lectura, que la librería ofreciera cuentacuentos a los más pequeños....

miércoles, 3 de agosto de 2011

Vargas Llosa y los avances tecnológicos

Haber ganado el premio Nobel de Literatura no garantiza de ninguna manera que los artículos que uno escribe puedan considerarse soberanas tonterías... (con todos los respetos, por supuesto).

Gracias a un comentario de Amalia López en Google+, llegué al blog de Daniel Jandula en el que éste critica, con razón a mi entender, un artículo publicado por Vargas Llosa en El País el pasado 31 de julio, Más información, menos conocimiento. Así comienza Daniel su artículo (las negritas son mías):

Durante algún tiempo he creído en la misma mentira en la que cree Vargas Llosa, también sostenida por su más reciente descubrimiento Nicholas Carr: que la tecnología es un problema para la lectura, y por lo tanto es ahora cuando menos y peor se lee que en cualquier otro momento de la historia. Una mentira creada a partir de otra mentira aún más dañina y filtrada en el imaginario popular: que para leer bien hay que hacerlo sentado y sosegadamente; o en su defecto, en el transporte público.
Me encantaría poder elegir cómo, dónde, cuándo, y durante cuánto tiempo ejecuto el acto de la lectura. Probablemente Carr y su adepto Vargas Llosa puedan hacerlo, y todo se deba quizás al destierro de Internet de sus vidas. Casi seguramente tengan motivos para pensar que la informática es uno de los males de este mundo, y que la gente está más asilvestrada que nunca. Lo que sí está claro es que ambos representan a una generación que ve con malos ojos los avances digitales en el mundo cultural: por un lado porque su gran becerro de oro el Copyright (ese en el que tanto creen los de su quinta) ya no es tan todopoderoso, y por otro lado porque seguir el curso de estos tiempos supone tener que llamar un poco más la atención, aceptar otros soportes además del papel, y a veces hasta escuchar a los demás... cosas que muchos escritores (entre estos hay algunos a quienes admiro) no están dispuestos a admitir.

 Yo, como Daniel, leo cuando puedo o cuando me apetece, en el sillón, en el cuarto de baño o tumbado en la piscina. Leo libros, pero también cuentos a mis hijas, leo blogs de amigos o comentarios tontos en el Facebook. ¿Eso me hace peor lector? Si Vargas Llosa lo piensa allá él y los que así piensen, yo disfrutaré de sus obras y usaré sus artículos en El País para envolver el bocadillo, o no, que me acabo de dar cuenta que este lo he leído en el lector electrónico.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Leer con luz de luna

Arturo Pérez-Reverte publica en su columna de XLSemanal un artículo titulado "Leer con luz de luna".

En este artículo habla del libro electrónico, de qué le preguntan sobre él, y nos cuenta lo que él piensa y opina al respecto:

Hace tiempo que me preguntan por el libro electrónico. Qué opino y cómo veo el futuro, la desaparición del papel, los formatos clásicos y demás. Siempre respondo lo mismo: me da igual, porque yo escribo lo que va dentro. Mi trabajo es ocuparme del contenido: contar historias y que la gente las lea. Del soporte se ocupan otros. Editores y gente así. Y, por supuesto, los lectores que recurren al medio que estiman conveniente. Estoy convencido de que, en un mundo razonable, la oposición entre libro de papel y libro electrónico no debería plantearse nunca. Lo ideal es que el segundo complemente al primero, llevándolo donde aquél no puede llegar. Como herramienta eficaz de trabajo, por ejemplo. O facilitando el acceso a asuntos menos afortunados en librerías convencionales: teatro, poesía, autores sin respaldo editorial, literatura bloguera, descargas y otros experimentos interesantes que el concepto clásico no favorece demasiado. Pero no es eso lo que se plantea. Al hablar de libro de papel y libro electrónico, lo usual es oponerlos. Obligarte a elegir, como siempre. O conmigo o contra mí. Y no es ésa la cuestión. Creo. El libro electrónico es práctico y divertido. Hace posible viajar con cientos de libros encima, trabajar consultándolos con facilidad, aumentar el cuerpo de letra o leer sin otra luz que la propia pantalla. Incluso los hay con ruido de pasar páginas cuando se va de una a otra «lo que no deja de ser una simpática gilipollez».

Efectivamente tiene bastante parte de razón. A un escritor le debería dar lo mismo dónde le lean sus lectores y no me refiero a si en el salón o en el cuarto de baño, que también, si no a que lo importante será que le lean. Personalmente creo que es desde el mundo editorial desde el que más trabas se ponen, y aunque tiene su parte de lógica, habrá que aceptar que los tiempos cambian.
Pero al final del párrafo Pérez-Reverte se equivoca. Creo que no habla de un lector electrónico sino de los populares tabletos (que mal suena la jodida palabra). Un lector electrónico, los de la tinta electrónica no permiten leer con la luz de la propia pantalla, porque no la tienen. Como yo no soy Moratinos, supongo que conmigo no se enfadará ;)

En su segundo párrafo sigue en la misma línea.
Además, mientras lees puedes zapear a tu correo electrónico, escuchar música, ver imágenes y cosas así. Todo muy salpicadito, multimedia. Cuando lees, por ejemplo, «Tienen, por eso no lloran / de plomo las calaveras», puedes ilustrarlo con la foto de guardias civiles que hizo Robert Capa, escuchar a Estopa, ver cómo va el Barça-Osasuna y mandar un emilio a tu churri anunciando que le vas a sorber el tuétano. Y ahí surge uno de los problemas. No con la churri, ni con García Lorca. Ni siquiera con la Guardia Civil. Surge cuando, en vez del Romancero gitano, lo que trajinas es el Oráculo manual y arte de prudencia de Gracián, Lord Jim o La Regenta. Entonces la atención necesaria se puede desparramar un poquito.

Es cierto que los nuevos dispositivos -y hablo de lectores electrónicos, no de otros aparatos que puedan utilizarse para leer, quede claro- con conexión wifi o 3G permiten conectarse a Internet para mandar mensajes a la churri, pero a día de hoy ni es cómodo, ni es eficaz ni es práctico. A mi personalmente no tienen que venderme la burra por ahí, yo quiero algo que me permita leer y no irme al tuiter o al fisbuq de turno. Cuando leo, no tengo televisión, ni radio, quizás música, pero lo que intento es leer.
Creo que Pérez-Reverte vuelve a confundirse de aparato.

Al tercer párrafo de su artículo nada que objetar, ojalá pudiera tener yo en casa sitio para colocar 30.000 libros, sinceramente le envidio por ello. Desde que dispongo de libro electrónico no he dejado de leer en papel, todo lo contrario. De todos modos, los libros electrónicos permiten anotar, subrayar y marcar perfectamente, no con mi letra pero lo permiten. Lo de hacerlo envejecer ya es otra cosa.


Estoy harto de toparme con pantallas en todas partes, hasta en el bolsillo, y me niego a transformar mi biblioteca en un cibercafé. Con un libro electrónico, sea El Gatopardo o El perro de los Baskerville, no puedo anotar en sus márgenes, subrayar a lápiz, sobarlo con el uso, hacerlo envejecer a mi lado y entre mis manos, al ritmo de mi propia vida. No hay cuestas de Moyano, ni buquinistas del Sena, ni librerías como las de Luis Bardón, Guillermo Blázquez o Michele Polak donde los libros electrónicos puedan ocupar sus venerables estantes y cajones. Nada decora como un buen y viejo libro una casa, o una vida. Ninguna pantalla táctil huele como un Tofiño, un Laborde o un Quijote de la Academia, ni tampoco como un Tintín, un Astérix o un Corto Maltés al abrirlos por primera vez. Ninguna conserva la arena de la playa o la mancha de sangre que permiten evocar, años después, un momento de felicidad o un momento de horror que jalonaron tu vida. Y déjenme añadir algo. Si los libros de papel, bolsillo incluido, han de acabar siendo patrimonio exclusivo de una casta lectora mal vista por elitista y bibliófila, reivindico sin complejos el privilegio de pertenecer a ella. Que se mueran los feos. Y los tontos. Tengo casi treinta mil libros en casa; suficientes para resistir hasta la última bala. Quien crea que esa trinchera extraordinaria, su confortable compañía, la felicidad inmensa de acariciar lomos de piel o cartoné y hojear páginas de papel, pueden sustituirse por un chisme de plástico con un millón de libros electrónicos dentro, no tiene ni puta idea. Ni de qué es un lector, ni de qué es un libro.

El artículo completo de Arturo Pérez-Reverte puede leerse en su página web.

viernes, 3 de septiembre de 2010

24symbols, ¿Spotify de los libros?

Un poco de casualidad he descubierto que se está preparando lo que ellos mismos denominan el spotify de los libros, 24symbols.

24symbols, según explican en su web, es una solución para leer y compartir libros digitales, que funciona en cualquier dispositivo de lectura con conexión a internet y que permite a cualquier usuario disponer de un catálogo internacional y multi-editorial de contenido.

Supongo que la necesidad de tener la conexión a internet será porque nunca tendremos el contenido en local sino que estará alojado en los servidores de la empresa, pero en cuanto a lo de disponer de un catálogo internacional y multi-editorial entiendo, que al menos de momento, son más ganas de tenerlo que un hecho en sí mismo.

En principio convivirían dos modelos de funcionamiento, el freemium, consistente en leer gratis a cambio de publicidad contextual no intrusiva -esperemos que si estamos leyendo una novela de espadachines no nos salte publicidad en medio del capítulo de una tienda de espadas en Toledo o en Albacete-  y el premium en el que, mediante una cuota de suscripción, se permite acceder a una serie de funcionalidades avanzadas y además permite la lectura sin conexión a internet.

Hablan de la posibilidad de tener una versión abierta al público para marzo de 2011, que será cuando comiencen a enviar invitaciones para usar el servicio. En cualquier caso todo parece estar supeditado a encontrar financiación lo que en estos tiempos que corren tampoco parece algo fácil.

La idea me gusta, me parece atractiva, pero sinceramente no veo demasiado claro su futuro, no soy experto pero me parece que la viabilidad ecónomica de un proyecto de estas características no es demasiado halagüeña. Ojalá me equivoque y en marzo pueda rectificar lo que ahora estoy diciendo.

Aquí os dejo un vídeo en el que nos muestran cuál es el estado actual en proyecto. Sinceramente la idea me gusta, pero me temo que está demasiado en pañales. No veo demasiado claro su futuro, no soy experto pero me parece que la viabilidad económica  de un proyecto de estas características no es demasiado halagüeña. Ojalá me equivoque y en marzo pueda rectificar lo que ahora estoy diciendo.


24symbols from Angel Luengo on Vimeo.

viernes, 27 de agosto de 2010

Menos face y más book


José Luis Orihuela publica en su blog una imagen de la inteligente y divertida campaña publicitaria que ha lanzado la cadena mejicana de librerías Gandhi.

Por cierto que sería bueno seguirla porque según la Encuesta Nacional de Lectura del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes los mexicanos leen 2,9 libros al año, mientras que los españoles andamos por los siete y los alemanes por 12.

Actualización: Por un comentario de Carlos Scolari en el blog de José Luis Orihuela vemos que el eslogan de la Feria del Libro de Buenos Aires 2010. Aquí dejo la imagen también...

jueves, 26 de agosto de 2010

Los lectores de libros electrónicos leen un 37% de media más que los lectores de libros en papel

Gracias a una entrada en el Twitter de @SPalazzi llego a la noticia de que los lectores de libros electrónicos leen 2,6 libros de media al mes frente a los 1,9 libros de media que leen los lectores de libros en papel. (Casi un 37% más). Esto no deja de ser más que un pequeño estudio hecho a 1200 personas y no hay que darle tampoco más importancia de la que tiene, pero creo que es significativo de por donde van los tiros en la actualidad.

¿Sorprendente? No, para nada. A día de hoy estos resultados se pueden considerar algo normal. Los lectores electrónicos poco a poco van popularizándose y cada día van teniendo precios más asequibles, con lo que es normal que los primeros usuarios de estos dispositivos sean/seamos "lectores compulsivos". Un lector electrónico es un aparato que no tiene sentido para aquellas personas que se leen cuatro o cinco libros en un año, pero para quién lee más de 20 o 25 libros al año la compra de un ereader se puede convertir en una inversión que va a amortizar muy rápidamente.

Al hilo de esto si que me gustaría señalar el desprecio que nos están regalando las editoriales a los que, según estos datos, podríamos ser considerados sus mejores clientes. Es posible que pronto empecemos a escuchar que las librerías y las editoriales empiezan a poner el grito en el cielo porque cae espectacularmente la venta de libros (caerá la venta, de eso no me cabe duda, pero no caerá el índice de lectura, de hecho posiblemente hasta aumente) y las culpas irán a los usuarios porque se ponen parches en el ojo, a Internet responsable de la distribución masiva de libros y hasta a Amazon... Tiempo al tiempo.

martes, 10 de agosto de 2010

Ver y leer

Os invito a leer un artículo de Paco Sánchez publicado en Nuestro tiempo, la Revista Cultural y de cuestiones actuales de la Universidad de Navarra. Se titula Ver y leer.

Me dice alguien, sorprendido, que el grupo humano que más lee son los ciegos. Por otro lado, según un informe muy minucioso, resulta que la evaluación de los experimentos más avanzados sobre el uso de ordenadores en la escuela alcanza la unanimidad en un punto: las nuevas tecnologías no mejoran los resultados académicos en ningún caso. Se trata de experiencias realizadas en varios países y con un despliegue de medios abrumador. Al mismo tiempo, y en el mismo informe, se afirma que el aprovechamiento académico de los niños depende muy directamente del número de libros que tengan en sus casas. Los cacharros tecnológicos en casa también ayudan, aunque sobre todo ayudan a jugar.

Leer el artículo completo.