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jueves, 2 de febrero de 2012

El puente de los Asesinos, Arturo Pérez-Reverte (2011)

Tengo que reconocer que siento una especial debilidad  por Arturo Pérez-Reverte. He leído la mayoría de sus novelas y creo que solo tengo dos o tres pendientes de lectura. De Pérez-Reverte me gusta su forma de escribir, directa, clara, llamando al pan, pan y al vino, vino. No siempre coincido con sus opiniones y su punto de vista, pero se trata de un escritor que evidentemente no deja a nadie indiferente.

Sinopsis: (Tomada de Lecturalia) «Diego Alatriste bajó del carruaje y miró en torno, descon­fiado. Tenía por sana costumbre, antes de entrar en un sitio incierto, establecer por dónde iba a irse, o intentarlo, si las cosas terminaban complicándose. El billete que le ordenaba acompañar al hombre de negro estaba firmado por el sargento mayor del tercio de Nápoles, y no admitía discusión alguna; pero nada más se aclaraba en él.»
Nápoles, Roma y Milán son algunos escenarios de esta nueva aventura del capitán Alatriste. Acompañado del joven Íñigo Balboa, a Alatriste le ordenan intervenir en una conjura crucial para la corona española: un golpe de mano en Venecia para asesinar al dogo durante la misa de Navidad, e imponer por la fuerza un gobierno favorable a la corte del rey católico en ese estado de Italia. Para Alatriste y sus camaradas —el veterano Sebastián Copons y el peligroso moro Gurriato, entre otros—, la misión se presenta difícil, arriesgada y llena de sorpresas. Suicida, tal vez; pero no imposible.

Opinión personal: Aunque más arriba hablaba de la debilidad que siento por Pérez-Reverte creo que El puente de los Asesinos es quizás de toda la saga Alatriste el libro que menos me ha gustado.

El escritor pone más énfasis que en otros libros en la psicología de los personajes dejando en un segundo plano la acción, acción que, por mi parte, he echado de menos. Me ha quedado una sensación un tanto agridulce y el final de la historia, que esperaba con un cierto ansia me ha dejado un poco frío, es verdad que el desenlace deja la puerta abierta a nuevas aventuras pero como digo creo que resulta un tanto forzado. El encuentro entre Malatesta y Alatriste me había creado unas expectativas que no han terminado de cumplirse.

En cualquier caso, la saga Alatriste ha conseguido acercarnos y que conozcamos mucho mejor un periodo fundamental de la historia de España, nuestro Siglo de Oro. La combinación de personajes reales y ficticios consigue dar una enorme credibilidad a la historia, lo cual combinado con un espectacular manejo del lenguaje de la época hace que estas lecturas debieran ser casi imprescindible para los estudiantes de educación secundaria.

Valoración personal: 4 sobre 5.

miércoles, 6 de julio de 2011

Varios libros de Pérez Reverte en digital

Según anunciaba hoy Arturo Pérez Reverte a través de su cuenta de Twitter, varios de sus libros, en concreto El capitán Alatriste, La Reina del Sur y El asedio, saldrán a la venta a partir del 8 de julio en formato digital.

En el enlace que se incluía en su twett se encontraban más detalles de la noticia. Los libros saldrán a la venta a un precio de 9,99 euros cada uno. Personalmente y a bote pronto pienso que es un precio demasiado alto para libros que en ningún caso se pueden considerar novedades.  Es cierto que son libros que se han vendido mucho, pero llevan tiempo en las librerías y hay ediciones de tapa blanda que son más baratas.

Según la noticia esta iniciativa parte del propio autor y de la editorial Alfaguara con el objetivo de generar un acceso fácil, económico y legal a la obra de Pérez-Reverte en la red..
Acceso fácil, económico y legal... si lleva DRM el acceso directamente no es fácil y de hecho se cierra la puerta a los usuarios del Kindle de Amazon. Lo de económico está comentado líneas más arriba, pero es difícil convencer a alguien que 10 euros por un libro publicado hace varios años es económico. En lo de legal no voy a entrar, me parece perfecto que haya un modo de adquirir estos libros, pero no quiero dejar de recordar que los libros de Pérez Reverte, estos que ahora se publican y otros suyos, por no decir todos, llevan tiempo en la red, y no por obra y gracia del autor o de la editorial, sino de usuarios que decidieron ponerlo a disposición de los demás.

No habla la noticia de si los libros incluyen DRM o no, y aunque esta es una cuestión que ya se ha hecho llegar tanto al propio escritor como a la editorial yo de momento no he visto respuesta a la pregunta por ninguna de las dos partes.
Conversando a través de Twitter con Alfonso Castelló ambos coincidíamos en que probablemente el DRM va a venir incluido en los libros y es que parece que iniciativas como las llevadas a cabo por Lorenzo Silva o Belén Gopegui no terminan de cuajar entre autores y editores.

En mi opinión Pérez Reverte llega algo tarde, pero como se suele decir nunca es tarde si la dicha es buena. En cualquier caso es una buena noticia que cada vez más autores decidan poner sus libros en formato digital, seguramente son los primeros pasos necesarios para ver por fin un despegue en el mundo del libro digital en nuestro país.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Leer con luz de luna

Arturo Pérez-Reverte publica en su columna de XLSemanal un artículo titulado "Leer con luz de luna".

En este artículo habla del libro electrónico, de qué le preguntan sobre él, y nos cuenta lo que él piensa y opina al respecto:

Hace tiempo que me preguntan por el libro electrónico. Qué opino y cómo veo el futuro, la desaparición del papel, los formatos clásicos y demás. Siempre respondo lo mismo: me da igual, porque yo escribo lo que va dentro. Mi trabajo es ocuparme del contenido: contar historias y que la gente las lea. Del soporte se ocupan otros. Editores y gente así. Y, por supuesto, los lectores que recurren al medio que estiman conveniente. Estoy convencido de que, en un mundo razonable, la oposición entre libro de papel y libro electrónico no debería plantearse nunca. Lo ideal es que el segundo complemente al primero, llevándolo donde aquél no puede llegar. Como herramienta eficaz de trabajo, por ejemplo. O facilitando el acceso a asuntos menos afortunados en librerías convencionales: teatro, poesía, autores sin respaldo editorial, literatura bloguera, descargas y otros experimentos interesantes que el concepto clásico no favorece demasiado. Pero no es eso lo que se plantea. Al hablar de libro de papel y libro electrónico, lo usual es oponerlos. Obligarte a elegir, como siempre. O conmigo o contra mí. Y no es ésa la cuestión. Creo. El libro electrónico es práctico y divertido. Hace posible viajar con cientos de libros encima, trabajar consultándolos con facilidad, aumentar el cuerpo de letra o leer sin otra luz que la propia pantalla. Incluso los hay con ruido de pasar páginas cuando se va de una a otra «lo que no deja de ser una simpática gilipollez».

Efectivamente tiene bastante parte de razón. A un escritor le debería dar lo mismo dónde le lean sus lectores y no me refiero a si en el salón o en el cuarto de baño, que también, si no a que lo importante será que le lean. Personalmente creo que es desde el mundo editorial desde el que más trabas se ponen, y aunque tiene su parte de lógica, habrá que aceptar que los tiempos cambian.
Pero al final del párrafo Pérez-Reverte se equivoca. Creo que no habla de un lector electrónico sino de los populares tabletos (que mal suena la jodida palabra). Un lector electrónico, los de la tinta electrónica no permiten leer con la luz de la propia pantalla, porque no la tienen. Como yo no soy Moratinos, supongo que conmigo no se enfadará ;)

En su segundo párrafo sigue en la misma línea.
Además, mientras lees puedes zapear a tu correo electrónico, escuchar música, ver imágenes y cosas así. Todo muy salpicadito, multimedia. Cuando lees, por ejemplo, «Tienen, por eso no lloran / de plomo las calaveras», puedes ilustrarlo con la foto de guardias civiles que hizo Robert Capa, escuchar a Estopa, ver cómo va el Barça-Osasuna y mandar un emilio a tu churri anunciando que le vas a sorber el tuétano. Y ahí surge uno de los problemas. No con la churri, ni con García Lorca. Ni siquiera con la Guardia Civil. Surge cuando, en vez del Romancero gitano, lo que trajinas es el Oráculo manual y arte de prudencia de Gracián, Lord Jim o La Regenta. Entonces la atención necesaria se puede desparramar un poquito.

Es cierto que los nuevos dispositivos -y hablo de lectores electrónicos, no de otros aparatos que puedan utilizarse para leer, quede claro- con conexión wifi o 3G permiten conectarse a Internet para mandar mensajes a la churri, pero a día de hoy ni es cómodo, ni es eficaz ni es práctico. A mi personalmente no tienen que venderme la burra por ahí, yo quiero algo que me permita leer y no irme al tuiter o al fisbuq de turno. Cuando leo, no tengo televisión, ni radio, quizás música, pero lo que intento es leer.
Creo que Pérez-Reverte vuelve a confundirse de aparato.

Al tercer párrafo de su artículo nada que objetar, ojalá pudiera tener yo en casa sitio para colocar 30.000 libros, sinceramente le envidio por ello. Desde que dispongo de libro electrónico no he dejado de leer en papel, todo lo contrario. De todos modos, los libros electrónicos permiten anotar, subrayar y marcar perfectamente, no con mi letra pero lo permiten. Lo de hacerlo envejecer ya es otra cosa.


Estoy harto de toparme con pantallas en todas partes, hasta en el bolsillo, y me niego a transformar mi biblioteca en un cibercafé. Con un libro electrónico, sea El Gatopardo o El perro de los Baskerville, no puedo anotar en sus márgenes, subrayar a lápiz, sobarlo con el uso, hacerlo envejecer a mi lado y entre mis manos, al ritmo de mi propia vida. No hay cuestas de Moyano, ni buquinistas del Sena, ni librerías como las de Luis Bardón, Guillermo Blázquez o Michele Polak donde los libros electrónicos puedan ocupar sus venerables estantes y cajones. Nada decora como un buen y viejo libro una casa, o una vida. Ninguna pantalla táctil huele como un Tofiño, un Laborde o un Quijote de la Academia, ni tampoco como un Tintín, un Astérix o un Corto Maltés al abrirlos por primera vez. Ninguna conserva la arena de la playa o la mancha de sangre que permiten evocar, años después, un momento de felicidad o un momento de horror que jalonaron tu vida. Y déjenme añadir algo. Si los libros de papel, bolsillo incluido, han de acabar siendo patrimonio exclusivo de una casta lectora mal vista por elitista y bibliófila, reivindico sin complejos el privilegio de pertenecer a ella. Que se mueran los feos. Y los tontos. Tengo casi treinta mil libros en casa; suficientes para resistir hasta la última bala. Quien crea que esa trinchera extraordinaria, su confortable compañía, la felicidad inmensa de acariciar lomos de piel o cartoné y hojear páginas de papel, pueden sustituirse por un chisme de plástico con un millón de libros electrónicos dentro, no tiene ni puta idea. Ni de qué es un lector, ni de qué es un libro.

El artículo completo de Arturo Pérez-Reverte puede leerse en su página web.